martes, 1 de septiembre de 2009

CATALUÑA PIERDE IMAGEN EN EUROPA

M. J. CAÑIZARES BARCELONA ABC.ES
Para la prensa extranjera, Barcelona siempre ha sido sinónimo de Gaudí y del Barça, mientras que, de un tiempo a esta parte, Cataluña significa independentismo y, en algunos casos, radicalidad.
En el último año, coincidiendo con el complejo desarrollo del Estatut, cuatro publicaciones extranjeras se han hecho eco de las consecuencias, a su juicio negativas, de la presión nacionalista que ejerce Cataluña en el Gobierno español. Y, en algunos casos, incluso se culpa al separatismo del debilitamiento económico y político del país. El diario francés «Libération» ha sido el último en sumarse a esa visión rupturista de Cataluña en un artículo, firmado por su corresponsal en Madrid: «¡Aviso de ciclón político en Cataluña y, por extensión en toda España y en la estabilidad del Gobierno Zapatero!», reza el encabezamiento de esta crónica, según la cual, «la mayoría de las formaciones de esta rica y turbulenta región del nordeste del país están en pie de guerra» ante la posibilidad de que el Tribunal Constitucional (TC) recorte el Estatuto.
La «grandeur» francesa entiende poco de nacionalismos internos -la causa bretona es una anécdota para el Gobierno galo-, mientras que a la prensa británica, dada la experiencia irlandesa y escocesa, cabría presuponerle un análisis más profundo de la causa identitaria. Pero son precisamente tres diarios del Reino Unido los que más críticos han sido con la evolución del Estado autonómico.
En el pasado mes de abril, el diario «Financial Times» publicaba un artículo en el que se denunciaba que las «lenguas y dialectos» y la «burocracia extra» que «imponen» Cataluña, el País Vasco y Galicia son un «inconveniente» para los inversores. Asimismo, cuestionaba la excesiva autonomía de los «gobiernos regionales».
Otro rotativo anglosajón, «The Daily Telegraph», abordó el pasado mes de junio el aumento del independentismo en Cataluña en un artículo acompañado de una llamativa foto en la que aparecía un encapuchado quemando una bandera española.
Pero el pionero en este tipo de reportajes fue el semanario «The Economist», que en agosto de 2008, alertaba del «dogmatismo lingüístico» catalán y advertía de que el Estado de las autonomías «había ido demasiado lejos». En esta ocasión la reacción institucional fue inmediata, ya que la pieza dio lugar a una protesta formal del Gobierno catalán, quien culpó a los corresponsales extranjeros de dejarse influir por la prensa madrileña.
Más recientemente, «The Economist» ha comparado el acuerdo de financiación con «Alice in Zapateroland», donde «hay regiones que, como Cataluña, ganan más que otras». Según el periodista, «las últimas reglas de financiación son, en gran medida, un resultado del Estatuto de Cataluña».

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